lunes, 16 de noviembre de 2015

Madame Bovary

Madame Bovary

Le scandale et le procès

En mai 1856, il envoie le manuscrit à Maxime Du Camp, l’un des fondateurs de la Revue de Paris avec Théophile Gautier et Arsène Houssaye. Après lecture du manuscrit, Maxime félicite Gustave. Mais trois mois plus tard, il lui fait comprendre, dans lettre embarrassée, que l’œuvre, trop touffue, gagnerait à être allégée de certains passages superflus. Il est nécessaire, entre autres, de supprimer le chapitre de la noce, d’écourter les comices, de sacrifier une bonne partie du pied-bot. C’est le codirecteur de la revue qui se chargera de décider des coupures à faire, déléguant à une arpette la tâche de rendre l’œuvre parfaite. Mis devant le fait accompli, Flaubert négocie, tempête, hurle. Rien n’y fait. Il est impuissant face à la détermination des dirigeants de la revue qui, de plus, ont peur d’être condamnés par la censure. Tout au plus obtient-il l’insertion d’un texte de protestation dans la revue. Celui-là même qui éveillera les soupçons des autorités. Les craintes de la Revue de Paris n’étaient pas infondées : la publication de Madame Bovary est interrompue. Flaubert est poursuivi, ainsi que Léon Laurent-Pichat et Auguste-Alexis Pillet, le gérant et l’imprimeur. Le fils du docteur Flaubert en correctionnelle ! Là même où sont traduits les escrocs, les souteneurs et les prostituées ! Le choc est rude pour celui qui toute sa vie a été déchiré entre deux postulats contraires, l’art pour l’art et la vie bourgeoise.

Lorsqu’il se présente à 11 heures à l’audience du 29 janvier 1857 de la 6e chambre criminelle du tribunal correctionnel de Paris, Gustave Flaubert a trente-quatre ans. Fatigué, il en paraît dix de plus. Il y a là ses amis, des écrivains, des critiques, et les deux co-inculpés. L’écrivain est inquiet. « Je m’attends à une condamnation, écrit-il à son frère Achille, cinq jours plus tôt. Car je ne la mérite pas. » La loi du 17 mai 1819, à laquelle les juges auront si souvent recours, permet de traduire devant les tribunaux « tout outrage à la morale publique et religieuse ou aux bonnes mœurs ».

Napoléon III exerce le pouvoir absolu. Le plébiscite du 21 décembre 1851 lui a donné l’approbation du pays. Il ne se contente pas de limiter l’opposition parlementaire : il muselle les gens de plume. Le fidèle Persigny, qui lui a permis d’étendre son influence dans les journaux et d’accroître ainsi sa côte de popularité, devient « le maître censeur » du xixe siècle, tout au long duquel de nombreux écrivains feront les frais du rigorisme d’État. C’est ainsi qu’en 1853 les frères Goncourt sont poursuivis pour un article qui leur vaut d’être blâmés. D’autres, comme Hugo, ont été contraints à l’exil. En 1857, outre Flaubert, Baudelaire est condamné à retirer six poèmes des Fleurs du Mal et Eugène Sue ne survit pas à la saisie des 60 000 exemplaires de ses Mystères du peuple.

Flaubert sera confronté à la mauvaise foi du terrible, redoutable et ambitieux procureur Ernest Pinard, qui ira jusqu’à incriminer des passages non visés par l’assignation, faisant référence à des extraits de la Tentation de saint Antoine, publiés au même moment dans la revue l’Artiste, sortant du contexte des phrases qui automatiquement prenaient une tout autre allure que celle voulue par l’écrivain. « La couleur générale de l’auteur, c’est la couleur lascive », s’indignera-t-il. Il y sera question d’« images voluptueuses mêlées aux choses sacrées », de l’art sans règle ou encore de la morale bafouée…

L’avocat de la défense démontera les arguments l’un après l’autre, analysant le livre chapitre par chapitre, démontrant l’utilité de l’œuvre et sa moralité dès lors qu’Emma Bovary est punie de ses actes. Le 7 février à 15 heures, Flaubert est acquitté. Mais aussi blâmé pour « le réalisme vulgaire et souvent choquant de la peinture des caractères ». Le jugement lui rappelle d’ailleurs que la littérature a pour mission « d’orner et de récréer l’esprit en élevant l’intelligence et en épurant les mœurs » ! Le Parquet ne fera pas appel, de peur d’un acquittement encore plus retentissant.

Film Madame Bovary





Gustave Flaubert

Gustave Flaubert


Quelques aspects du Gustave Flaubert

 Tan pronto como un hombre obtiene la fama, su vida es analizada, descrita, comentada por todos los periódicos del mundo; y parece que el público experimenta un placer especial sabiendo la hora de sus comidas, el estilo de sus muebles, sus gustos particulares y sus hábitos cotidianos. Los hombres célebres se prestan con mucho gusto a esta curiosidad que aumenta su gloria: abren las puertas de su casa a los periodistas y el fondo de su corazón a todo el mundo.
      Por el contrario, Gustave Flaubert siempre ha ocultado su vida con un pudor particular; jamás se dejó retratar; y, aparte de sus íntimos, nadie se le pudo aproximar. Fue, únicamente a sus amigos, a quiénes abrió su « corazón humano ». Pero sobre este corazón humano se había instalado desde hacía tiempo, el amor a las letras, un amor tan fogoso, tan desbordante, que todos los restantes sentimiento por los que la humanidad vive, llora, espera y trabaja, habían sido poco a poco ahogados, engullidos en aquel.
      « El estilo es el hombre », decía Buffon. Flaubert fue el estilo, y de tal modo, que la forma de su frase decidía a menudo la forma de su pensamiento. Todo en él era cerebral; y no amaba nada, no había podido amar nada que no le pareciese literario. Tras sus gustos, sus deseos, sus sueños, no se encontraba nada más que una cosa: la literatura; no pensaba más que en eso, no podía hablar más que de eso; y las personas con las que se encontraba no le gustaban seguramente excepto que apreciase en ellos a los personajes de sus novelas.
      En sus conversaciones, sus discusiones, sus arrebatos, cuando levantaba los brazos declamando con su voz ardiente, quedaba patente que su manera de ver, de sentir, de juzgar, dependía únicamente de una especie de criterio artístico a través del que tamizaba todas sus opiniones.
      « Nosotros, decía, no debemos existir; únicamente nuestras obras existen »; y citaba con frecuencia a La Bruyère, cuya vida y costumbres nos resultan casi desconocidas, como el ideal del hombre de letras. Él quería dejar libros y no recuerdos. 
      Su concepción del estilo responde a su concepción del escritor. Pensaba que la personalidad del hombre debe desaparecer en la originalidad del libro, y que la originalidad del libro no debe proceder nunca de la singularidad del estilo.
      No concebía los estilos como una serie de muelas particulares, de las que cada una son propias a cada escritor, y en las que se cuelan todos sus pensamientos; pero creía en el estilo, es decir en una manera única de expresar una cosa con todo su color y en toda su intensidad.
      Para él, la forma era la misma obra. Del mismo modo que en los seres vivos, la sangre alimenta la carne y determina incluso su forma, su apariencia exterior, siguiendo la raza y la familia, así para él, en la obra, el fondo fatalmente impone la única y precisa expresión, la medida, el ritmo, todo el acabado de la forma.
      No comprendía que la forma pudiese existir sin el fondo, ni el fondo sin la forma.
      El estilo debería ser pues, por así decirlo, impersonal, y no tomar prestadas sus cualidades más que de la cualidad del pensamiento, en la fuerza de la visión.
      Su mayor característica personal, fue precisamente ser un hombre de letras, nada más que un hombre de letras, en todas sus ideas, en todas sus acciones, y en todas las circunstancias de su vida, un hombre de letras.
     Con todo esto, los reportajes en las revistas parisinas no tenían gran cosa que recoger en ese campo donde toda la siega pertenecía al artista.
      Sin embargo el hombre aparecía en ocasiones. Busquémosle.
      Flaubert odiaba el cara a cara con él mismo cuando no tenía bajo sus manos los medios para trabajar; y como todo movimiento le impidiese pensar en la obra comenzada, no aceptaba cenar en la ciudad, a menos que un amigo le prometiese acompañarlo de regreso a su puerta.
      En su casa, en su despacho, en su mesa, e incluso en la mesa de otros, siempre primaba el artista y el filósofo. Pero, en estos regresos nocturnos hacia el domicilio, surgía a menudo en la verdad de su primitiva naturaleza.

Gustave Flaubert

Gustave Flaubert 

Estudió derecho en París, donde conoció a Maxime du Camp, cuya amistad conservó toda la vida, y junto al que realizó un viaje a pie por las regiones de Turena, Bretaña y Normandía. A este viaje siguió otro, más importante (1849-1851), a Egipto, Asia Menor, Turquía, Grecia e Italia, cuyos recuerdos le servirían más adelante para su novela Salambó.

Excepto durante sus viajes, Gustave Flaubert pasó toda su vida en su propiedad de Croisset, entregado a su labor de escritor. Entre 1847 y 1856 mantuvo una relación inestable pero apasionada con la poetisa Louise Colet, aunque su gran amor fue sin duda Elisa Schlésinger, quien le inspiró el personaje de Marie Arnoux de La educación sentimental y que nunca llegó a ser su amante.

Los viajes desempeñaron un papel importante en su aprendizaje como novelista, dado el valor que concedía a la observación de la realidad. Flaubert no dejaba nada en sus obras a merced de la pura inspiración, antes bien, trabajaba con empeño y precisión el estilo de su prosa, desterrando cualquier lirismo, y movilizaba una energía extraordinaria en la concepción de sus obras, en las que no deseaba nada que no fuera real; ahora bien, esa realidad debía tener la belleza de la irrealidad, de modo que tampoco le interesaba dejar traslucir en su escritura la experiencia personal que la alimentaba, ni se permitía verter opiniones propias.


Su voluntad púdica y firme de permanecer oculto en el texto, estar («como Dios») en todas partes y en ninguna, explica el esfuerzo enorme de preparación que le supuso cada una de sus obras (no consideró publicable La tentación de san Antonio hasta haberla reescrito tres veces), en las que nada se enunciaba sin estar previamente controlado. Las profundas investigaciones eruditas que llevó a cabo para escribir su novela Salambó, por ejemplo, tuvieron que ser completadas con otro viaje al norte de África.

Gustave Flaubert : Biographie

Gustave Flaubert : Biographie


Gustave Flaubert est né le 12 décembre 1821, dans l’appartement de fonction de son père, chirurgien-chef à l’Hôtel-Dieu de Rouen, Achille-Cléophas Flaubert, dont la renommée parvient jusqu’à Paris. Il entre en 1832 au collège royal de Rouen où il rencontre Louis Bouilhet qui, contrairement à lui, est un élève appliqué. Gustave est un enfant du siècle, traînant la mélancolie romantique d’un René, le héros de Chateaubriand. Au lycée, entre 1837 et 1839, Flaubert publie dans la revue littéraire rouennaise Colibri de nombreux textes, dont un court récit, Bibliomanie. Le titre de cette œuvre de jeunesse en dit long sur les centres d’intérêt du lycéen exalté, qui écrit des contes fantastiques, des confidences autobiographiques et un roman « métaphysique et à apparitions », Smarth. En 1840, il obtient tout juste le baccalauréat qu’il a passé seul, après avoir été renvoyé l’année précédente pour indiscipline. C’est sans conviction qu’il débute des études de droit à Paris. Il est reçu à l’examen de première année en 1842, mais échoue à celui de deuxième année. Le droit ne le passionne guère. Il préfère fréquenter les milieux littéraires et artistiques. Visiteur assidu de l’atelier du sculpteur James Pradier, il y rencontre Victor Hugo. En mars 1843, il fait la connaissance de Maxime Du Camp, qui se destine à une carrière d’homme de lettres. La même année, Flaubert entreprend la rédaction de L’Éducation sentimentale, une première version qui dormira dans ses tiroirs.

Victime en janvier 1844 d’une crise nerveuse d’une extrême violence, la première d’une longue série, Flaubert raconte s’être « senti emporté par un torrent de flammes ». Toujours à la merci d’une rechute, il abandonne ses études de droit et s’installe définitivement à Canteleu, au hameau de Croisset, près de Rouen. Ses parents y ont acheté une vaste demeure, au bord de la Seine. Là, il se consacre au « culte fanatique de l’art », l’unique consolation à « la triste plaisanterie de l’existence ». Caroline, sa petite sœur chérie, vient d’épouser Émile Hamard. Il accompagne les jeunes mariés lors de leur voyage de noces, qui les mène en Italie. En 1846, la mort lui arrache son père, puis sa sœur qui venait de donner la vie à une petite fille. Il recueille sa mère et sa jeune nièce à Croisset, qu’il ne quitte que très rarement. La même année, à l’occasion d’un de ses séjours à Paris, il rencontre dans l’atelier de son ami Pradier une dénommée Louise Colet, femme de lettres en vogue qui a épousé un musicien sans grand génie, Hyppolite Colet. Elle tient un salon fréquenté par des écrivains en vue, dont elle goûte particulièrement les attraits. Victor Cousin, Alfred de Vigny, Alfred de Musset et Abel Villemain seront ses amants, si bien que d’aucuns attribueront plus à ses charmes qu’à son mérite le prix de l’Académie française qu’elle obtiendra à quatre reprises. Sa liaison avec Flaubert sera orageuse. Après une première rupture en 1848, ils se réconcilient trois ans plus tard pour se séparer définitivement en 1855. Durant tout ce temps, ils ne cesseront de correspondre. Plus qu’une maîtresse, Louise Colet a été pour Flaubert une muse à laquelle il s’est ouvert de ses affres de créateur. Dans les centaines de lettres qu’ils se sont écrites, des poèmes entiers sont décortiqués ligne à ligne, des théories littéraires sont exposées et défendues. Enfin, Flaubert y évoque longuement ses œuvres en gestation, notamment Madame Bovary.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Litterature Réaliste

Litterature Réaliste 


Le courant réaliste se fait jour dès avant 1850. Certains auteurs sont à mi-chemin entre le romantisme et le réalisme. Balzac p.ex. construit toute une architecture de scènes et de tableaux. Stendhal s’intéresse plus à la psychologie.

On ne parle plus de sentiments, mais de comportement. On décrit la nature extérieure, de manière objective, en respectant les faits matériels. On étudie l’homme dans son milieu. Le roman est le lieu où se réalise la confrontation d’un être, venu souvent du plus bas de l’échelle sociale, avec la société. Les personnages de Flaubert sont passifs, plutôt voués à l’échec, leur existence est « presque rien ».

·         Honoré de BALZAC (1799-1850), La comédie humaine (1830-1850): e.a. Le Père Goriot (1834), Le Lys dans la vallée(1835).

·         STENDHAL (1783-1842), Le rouge et le noir (1830), La Chartreuse de Parme (1839).
·         Prosper MÉRIMÉE, Carmen; Colomba.

·         Gustave FLAUBERT (1821-1880), Madame Bovary (1857), L’Éducation sentimentale (1869).

·         Edmond (1822-1896) et Jules (1830-1870) GONCOURT


·         Alphonse DAUDET (1840-1897), Lettres de mon moulin.